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¿De qué lado está México?

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Dr. Silvino Vergara Nava

“La crisis de los migrantes hondureños en México…

alguna vez todos fuimos migrantes.

¿Qué hicimos nosotros para no nacer en Centroamérica?”.

 

En esta tercera semana de octubre de 2018, se puso a la luz pública nuevamente la situación precaria que se vive en Centroamérica, ahora, particularmente, en Honduras, que provocó que un gran grupo de nacionales de aquel país —más de tres mil personas— iniciaran una compleja travesía desde sus tierras para llegar a Estados Unidos de América, cruzando por Guatemala y llegando a la frontera mexicana, todo con la finalidad de obtener alguna forma de vida más decorosa de lo que se vive en sus tierras, que han sido devoradas, si no por el narcotráfico, sí por la delincuencia organizada o por las grandes empresas transnacionales que los destierran para poder desarrollar cultivos o explotar la minería de esas llanuras, y, si queda algo en pie, de eso se encargan los malos gobiernos.

El papel del gobierno de México al respecto de esta problemática es muy complicado, pues debe atender, en primer término, a la pleitesía hacía los países del norte (por ello es que llegó el agradecimiento telefónico del presidente de Estados Unidos de América por contener la migración masiva en la frontera sur de nuestro país), pero, en segundo lugar, se topa con el tratamiento deshumano ante todos estos migrantes, respecto a los cuales el Presidente de Estados Unidos de América ya se encargó de sentenciarlos antes de que cometan delito alguno y, desde luego, antes de que exista un juicio, al sostener que todos los que están intentando traspasar las fronteras para llegar a esa nación no son más que delincuentes.

Es evidente que la población de Centroamérica está en la desesperación total. Cada uno de esos países tiene sus problemáticas y están llegando al colapso total, causado —a decir de Noam Chomsky— por el sistema capitalista norteamericano (Chomsky, Noam. Lo que realmente quiere el tío Sam. Ciudad de México: Siglo XXI Editores, 1994), pues él se ha encargado de dejar en la precariedad en que se encuentran actualmente esas naciones, en donde no existe autoridad formal y prevalece la impunidad, la arbitrariedad, la muerte generalizada de las personas. Por ello, no hay futuro mejor que echarse a su suerte y buscar otras tierras que les den la esperanza que no les pueden brindar sus propias naciones.

Desde luego que el gobierno mexicano puede hace muy poco, cuando está atemorizado por el poder económico, militar y político de Estados Unidos de América, pero tampoco puede ponerse en la función policial, porque esa crisis no la causó México y, además, nuestra nación también es victima de ese sistema económico, jurídico, político y social actual. Nuestra nación tampoco debe ser policía auxiliar de nadie, menos de los norteamericanos, ya que la historia real de nuestra nación (Crespo, José Antonio. Contra la historia oficial. Episodios de la vida nacional: desde la Conquista hasta la Revolución. Ciudad de México: Debate, 2009), y no la que escriben los historiadores del sistema, dicta exactamente que no podemos asumir la función policial en beneficio de aquellos que, por ejemplo, causaron en el Castillo de Chapultepec un infanticidio que en la década de los noventa se pretendía ignorar. Lo que hoy está en juego con esta crisis migratoria es la dignidad de nuestra nación.

A estos migrantes, verdaderamente de a pie, les prohibirán el paso en la frontera norte de México con Estados Unidos de América, tanto por policías nacionales como por la policía “yanqui”, y será un momento político ideal en su gobierno para impulsar nuevamente la construcción del muro, pues debe quedarnos claro que el sistema capitalista nunca pierde. Esta será una buena oportunidad, atendiendo al acercamiento “amistoso” de la próxima administración federal con el gobierno norteamericano que, en otras circunstancias, haría imposible legitimar la construcción del muro, pero que, con la crisis migratoria hondureña se abre una buena ocasión para contar con las razones suficientes para poner manos a la obra a esa titánica misión y, para la cual no habría ninguna imposición de parte de México ni el pueblo mexicano la vería como una imposición norteamericana, sino como una necesidad para que se resguarden de los “otros”, de los migrantes centroamericanos que, por su color, su raza, sus creencias, costumbres y ausencia de dinero, no alcanzan una anhelada visa norteamericana, aun cuando el sistema mediático oficial actual no nos permite abrir los ojos que “esos otros” son iguales a nosotros. Pues bien: ¿De qué lado está México?

Identidad Migrante

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